Creo que la caída fue tan fuerte que no me recupero.
El tratar de no sentir nada es el mecanismo de defensa, es hacerse el fuerte para no llorar. El considerarse indiferente es la “madurez” necesaria. El dejar de pensar en ello es la necesidad de superación. Crecer a la fuerza, olvidar a la fuerza, desistir a la fuerza.
Ver la realidad con los dos ojos, sin poder hacerse el sordo inhabilita los sentimientos. Como zombi. Sin saber qué sentir, qué no sentir y ni cuando. La rabia mezclada con amor y odio, el olvido disfrazado de aceptación. La resignación por la espalda y el puñal tembloroso escondido. Nunca arriba, pesa mucho. Nunca abajo porque no hay gusto sin sabor. El paladar no reconoce el impulso. Uno sube y cae fuerte, todo lo que sube baja. Si sube mucho, cae duro, si pesa no puede estar arriba, tiende a bajar.
El encuentro no se procesa, no se archiva, no se deja atrás. El olvido no es una justificación valida.

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