¿Usted sería tan amable de cerrar la puerta con toda la fuerza que tenga?
Deje de ser tan cobarde y déjeme del otro lado de la puerta, sin llave, sin posibilidad de entrar por más que toque el timbre. Si está lloviendo, deje que las gotas me despierten y si el sol es muy fuerte deje que me encandile.
Pero si me mantiene afuera tampoco me deje entrar cuando usted no sepa hacer el té, o cuando quiera un beso de buenas noches. Sea fuerte y cuando sienta que soy más útil resista al temblor de la mano y tráguese la llave.

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