Se nos fue un poco de febrero, marzo y hasta abril. Sin saber cómo, terminé en el asiento de atrás de un carro viendo los carros pasar y te creí grande, serio, señor.
Con el paso del tiempo perdiste la corbata para dejar ver al berrinchudo, caprichoso y chineado; al cariñoso, tedioso y observador. Construiste un sentimiento olvidado, enterrado y guardado.
Hoy digo adiós a las visitas clandestinas, a los sustos y faltas de abrazos. Hoy por primera vez me despido de la incertidumbre que regamos por siete días a la semana.
Hoy le digo adiós a las lagrimas y al té. Hoy dejo de escribir la historia del nunca jamás, para quedarme con mi por siempre Diana.
Vos le regalaste a mi soundtrack un par de piezas suaves, canciones para los momentos de chicha y soundtracks de series olvidadas. Me regalaste ojeras manchadas con conversaciones de media noche y el gusto a dormir sin ropa.
Algunas veces me gustaría poder disfrutar la arena en mis pies y la sal en mis manos.

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