domingo, 26 de mayo de 2013


Las mismas señales de tránsito, los mismos altos y paradas de bus. He pasado por esta calle tantas veces que ni tiene sentido contarlas. Pero esta vez el viaje de ida no incluye plan de regreso, es la última vez que mi parabrisas se empaña. 

Mi meta de viaje: crecer. La mocosa decidió que es hora de partir, vivir, romper el  capullo y sentir el zacate húmedo en las plantas de los pies. Cada mañana un té, un aroma diferente y un nuevo sabor en el paladar. Si sabe a éxito o fracaso lo aprenderé en el camino, pero no hay vuelta atrás. 

No me conformaré, si el camino es sola, le subiré el volumen al radio, si es acompañada, buscaré canciones para corear en conjunto. Abierta a las posibilidades de la vida, a las caídas de la vida, a las subidas y bajadas diarias. 

El único requisito: una sonrisa guardada. Si no está en la cara, al menos está en la bolsa del pantalón para mejores momentos, para demostrarle a la vida que no importan las cachetadas, la frente siempre se tendrá en alto y quien ríe de último ríe mejor. 

Este es un regalo de mí para mí, la posibilidad de crecer, de llorar, de sentir, de jugar y reír hasta que duela.  

No hay comentarios: