Un día mi mamá se sentó conmigo y me dijo creía que mis problemas emocionales se debían a ella.
Mi mamá no tiene la culpa de las noches en vela con el teléfono ya tibio en las manos tensas.
Mi mamá no tiene la culpa los chispazos apagados en el estomago por miradas perdidas.
Mi mamá no tiene la culpa de la etiqueta “amiga increíble” en el frente.
Mi mamá no es la culpable de mi falta de juicio para entregar llaves y bajar puentes.
