Te dejé una ventana abierta. Pediste tiquete de parqueo en un lote en el que no dejo a nadie pasar ni a cambiar una llanta. Te abrí la puerta. Le di un espacio a mi teléfono en la almohada para sentirte respirar en mis sueños. Te dejé dormir con mi cabeza en tu hombro y te dejé darme la mano para cruzar la calle entre la victoria y la hispanidad.
Son las 9:00 y sigo esperando la llamada anónima de las 6:00.
Me voy a comprar un par de agujas para empezar a tejer como Penélope.
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